sexta-feira, 6 de outubro de 2017

El Carnero Rebelde (Espíritu Neio Lucio/ Chico Xavier)

del Libro “Alborada Cristiana”,  Francisco Cândido Xavier
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Temas relacionados: “Los diferentes seres de la creación”, “Nuestros talentos”, "Nuestro cuerpo y su perfección”,”Ley de sociedad”, “Los objetivos de la reencarnación y cómo vivir esta oportunidad”, etc.

Cierto carnero muy inteligente, pero indisciplinado, se dio cuenta de los benefícios que la lana esparcía en todas partes, y desde entonces, se juzgó mejor que los demás seres de la creación, pasando a rebelarse contra el trasquilado.



–Si era tan precioso –pensaba– ¿por qué aceptar la humillación de aquella tijera enorme? Sufría frío intenso, de tiempo en tiempo, y, despreocupado de las ricas raciones que recibía en el redil, se detenía solamente en el examen de los perjuicios que suponía sufrir.

Muy amargado, se dirigió al Creador, exclamando:
– Mi Padre, no estoy satisfecho con mi pelaje. La trasquiladora es un tormento… ¡Modifícame Señor!...

El Todopoderoso le preguntó con bondad:
–¿Qué deseas que yo haga?

Vanidoso, el carnero respondió:
–Quiero que mi lana sea toda de oro.

La rogativa fue satisfecha. Con todo, así que el orgulloso ovino se mostró lleno de pelos preciosos, varías personas ambiciosas lo atacaron, sin piedad. Le arrancaron, violentamente, los hilos dejándolos llenos de llagas.

El infeliz, quejándose, corrió hacía el Altísimo e imploró:
–¡Mi Padre, cámbiame nuevamente! No puedo exhibir lana dorada… Pues encontraría siempre salteadores sin compasión.

El sabio de los sabios preguntó:
–¿Qué quieres que yo haga?

El animal, tocado por la manía de grandeza, suplicó:
–Quiero que mi lana sea labrada en porcelana primorosa.

Así fue hecho. Entre tanto, luego que volvió al valle, apareció en el Cielo un enorme ventarrón, que le quebró todos los hilos, dilacerándole la carne.
Regresó, afligido, al Todopoderoso y se quejó:
–¡Padre, renuévame! … La porcelana no resiste al viento…Estoy exhausto…

Le dijo el Señor:
–¿Qué deseas que yo haga?

–Con el fin de no provocar a los ladrones y no herirme con porcelana quebrada, quiero que mi lana sea hecha de miel.

El Creador satisfizo su pedido. Sin embargo, luego que el pobre se halló en el redil, bandas de moscas asquerosas lo cubrieron de lleno y, por más que corrió campo afuera, no pudo evitar que le chupasen los hilos endulzados.

El mísero volvió al Altísimo e imploró:
–¡Padre, modifícame…las moscas me dejaron en sangre!

El Señor indagó, de nuevo, con inextinguible paciencia:
–¿Qué quieres que yo haga?

Esta vez, el carnero pensó más tiempo y consideró:
–Supongo que sería más feliz si tuviese mi lana semejante a las hojas de lechuga.

El Todo bondadoso atendió una vez más su voluntad y el carnero volvió a la planicie, con la caprichosa alegría de parecer diferente. ...

... No obstante, cuando algunos caballos le pusieron los ojos encima, no consiguió mejor suerte. Los equinos lo prendieron con los dientes y, después que le comieran la lana le mordieron el cuerpo.



El carnero corrió en dirección del juez Supremo, goteando sangre de las profundas llagas, y con lágrimas, gimió, humilde:
–¡Mi Padre, no soporto más!...

Como sollozaba largamente, el Todocompasivo, viendo que él se arrepintiera con sinceridad, observó:
–¡Reanímate, hijo mío! ¿Qué pides ahora?

El infeliz replicó, en llanto:
–¡Padre, quiero volver a ser un carnero común, como siempre fui. No pretendo la superioridad sobre mis hermanos. Hoy sé que mis trasquiladores de otros tiempos son mis verdaderos amigos. Nunca me dejaron con heridas y siempre me dieron de comer y de beber, cariñosamente…Quiero ser simple y útil, tal cual me hiciste, Señor!...

El Padre sonrió, bondadoso, lo bendijo con ternura y habló:
–Vuelve y sigue tu camino en paz. Comprendiste, al fin, que mis designios son justos. Cada criatura está colocada por mi ley, en el lugar que le corresponde y, si pretendes recibir, aprende a dar.

Entonces el carnero, avergonzado, pero satisfecho, volvió para el valle, se reunió con los demás y de allí en adelante fue muy feliz.


Fuentes:



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