quarta-feira, 20 de julho de 2016

¿Para qué sirven los juguetes?

Acompañando a su mamá a hacer las compras, Julio caminaba charlando sin parar. Hablaba de la escuela, de sus juguetes y de lo que iba a hacer más tarde al volver a casa.
- Mamá, quiero jugar con mi camioncito nuevo. Voy a llevarlo al patio de atrás y llenarlo de tierra.
- Entonces, hazlo, hijo mío. Invita a Zesé, tu amigo, ¡Se pondrá contento! – sugirió satisfecha.
El niño pensó y respondió:
- Creo que mejor no lo invito, mamá. ¡Cuando él toma un juguete, no lo quiere soltar más!
- ¡Pero es tu amigo, Julio!
- Zezé no cuida mis juguetes, mamá. Creo que mejor jugaré solo.
La mamá se sorprendió de las palabras de su hijo, pero aceptó:
- Está bien, hijo mío. Si así lo quieres…
- Sí, mamá. Prefiero jugar solo.  

Al volver de las compras, Julio fue a jugar al patio trasero. La mamá se extrañó que su hijo quisiera jugar solo. Después de todo, ¿qué gracia tenía jugar sin amigos? Pero, como él lo había decidido así, ella se quedó callada.
Al día siguiente, sucedió la misma situación. Julio quería jugar solo. Y los demás días también. Ese comportamiento comenzó a incomodar a la mamá, acostumbrada a ver a su hijo siempre junto a los vecinos o sus compañeros de la escuela. 
    
Después de una semana, la mamá notó a su hijo triste, desanimado, y preguntó:
- ¿Pasó algo, Julio? No pareces estar bien, estás triste, fastidiado...

El niño, que estaba en la ventana de la sala mirando hacia la calle, respondió:
- ¡Nadie quiere jugar conmigo, mamá!...
La mamá se acercó al niño, lo abrazó y miró por la ventana. En la calle había un grupo de niños que jugaban a la pelota y reían mucho. Estaban empapados de sudor, con las ropas sucias, pero se sentían contentos, felices de estar juntos.
- ¿Estás viendo, mamá? Ellos están felices jugando a la pelota. ¡Sólo yo no estoy con ellos! - dijo Julio llorando.
La madre miró al grupo que jugaba con la pelota en la placita y recordó:
- ¡Julio, pero fuiste tú quien lo quiso así!... ¿Te acuerdas que no querías que nadie ensuciara tus juguetes?
   
- Ah, mamá, es verdad. Pero además de ensuciar mis juguetes, ¡también los rompían! 
La mamita abrió los ojos mostrando su sorpresa:
- ¿Pero para qué sirven los juguetes, si no es para jugar? ¡Mira como ellos son felices! Ve a jugar a la pelota con ellos, hijo mío.
El niño, que se estaba loco por jugar, aprovechó la orden de la mamá y fue en la plaza:
- ¿Me pueden dejar jugar también? – pidió.
- ¡Por supuesto, Julio! ¡Al otro equipo le falta un jugador! ¡Entra en ese equipo!
El equipo que tenía un jugador menos lo recibió con alegría. Era el equipo de su amigo Zezé, quien gritó:
- ¡Así es, Julio! ¡Ven corriendo! ... ¡Ahora vamos a ganar, chicos!
Contento, miró a su madre que estaba en la puerta, y corrió hacia el lugar donde iba a jugar. Luego vino una pelota y pateó hacia el jugador más cercano al arco, después corrió hacia adelante y, como la pelota vino hacia su lado, dio una buena patada y, al ver entrar la pelota, gritó:
- GOOOOOOOOL!...
Todos corrieron a abrazar a Julio, que había ayudado a empatar el partido.

Animado, Julio dio lo mejor de sí. ¡Había hecho otro gol y estaba muy feliz! Cuando el juego terminó, el equipo lo llevó en hombros para celebrar. Julio había definido el resultado del partido y los amigos estaban felices.
Luego, al ver la pelota toda sucia, dijo:
- ¡Miren cómo quedó la pelota! ¡Toda sucia de tierra!
- ¡Tonterías! Es fácil de resolver. ¡Sólo hace falta lavarla! – dijo Zezé, encogiéndose de hombros. 

Entonces Zezé fue a un grifo de la plaza y lavó la pelota, que quedó como nueva otra vez, mostrándosela a Julio:
- ¿Viste? ¡Las pelotas y los juguetes fueron hechas para jugar! ¡De lo contrario, no es divertido!
Julio sonrió satisfecho:
- ¡Es verdad! ¡Tienes toda la razón, Zezé!
Entonces, Julio invitó a los amigos a su casa. Como no tenían clases ese día, aceptaron. Julio entró en su casa con ellos y, al escuchar el barullo, su madre vino de la cocina secándose las manos, y él le contó:
- ¡Mamá, ganamos el juego! ¡Invité a mis amigos a jugar aquí en casa! ¿No es verdad que tengo un montón de juguetes nuevos? Después de todo, ¿para qué sirven los juguetes si no es para jugar?
Julio intercambió una mirada con su madre y sonrió satisfecho. ¡Se sentía feliz! Al ver a su hijo alegre, la madre dijo:
- Jueguen todo lo que quieran. Mientras tanto, ¡voy a hacer palomitas de maíz! Tengo una torta preparada y pronto les daré una merienda muy sabrosa para celebrar!

MEIMEI

(Recibida por Célia X. de Camargo, el 06/04/2015.)

Traducción Carmen Morante

Fuente: O Consolador – Revista Semanal de Divulgación Espirita Año 9 - N° 454 - 28 de Febrero de 2016

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