segunda-feira, 1 de fevereiro de 2016

Herrumbre en el alma

Tema: Perdón


Cierto dia Vera entro en casa llena de rabia, y protesto para la madre:
— ¡No soporto más a Carla, mamá! Todo lo que yo quiero hacer ella no lo acepta. Si yo quiero saltar a la cuerda, ella quiere jugar a las casitas; si quiero jugar con muñeca, ella quiere pasear en bicicleta. ¡Así no es! ¡No juego más con ella!
Intentando calmarla, la madre recuerda:
— ¡Pero vosotras siempre fuistéis tan amigas, Verinha! Busca saber lo que está ocurriendo con ella. Ten paciencia, hija.
— ¡No mamá, basta! No hablo más con Carla. ¡No voy a perdonarla nunca!
La madre percibió que, en aquella hora, no adelantaba decir nada; la hija estaba nerviosa. Sólo la abrazó con amor, para dejarla más tranquila.
Algunos días pasaron. Vera y Carla continuaban peleadas. Cierto día, Carla fue hasta la casa de la amiga y tocó a la puerta. La madre de Verinha vino a atender, satisfecha al verla:
— ¡Que bueno Carla! Entra, voy a llamar Verinha —, dijo saliendo de la sala para avisar a la hija que tenía visita.
La niña vino corriendo. Pero, al ver que era Carla, quedó roja de rabia y gritó:

— Sal de mi casa. No quiero verte. Tengo rabia de ti.
Carla se llevó un susto delante de aquella reacción que no esperaba, y salió corriendo llorando y gritando que nunca más volvería allí.
La madre miro para la hija con expresión de tristeza y dijo:
— Espero que tu sepas lo que estás haciendo, hija. Acabas de perder una amistad por orgullo.

Vera corrió para su cuarto, triste. Durante muchos días, ella no conseguía perdonarse por lo que había hecho a la amiga.
Cierto día, viendo que la hija estaba sufriendo bastante, la madre la llevó hasta el patio y le mostró la bicicleta nueva que ella no había usado más.

— ¡Mira hija! ¡Tu bicicleta está comenzando a quedar con herrumbre!

— ¿Qué es herrumbre, mamá?
La madre explicó que herrumbre es una sustancia que corroe el hierro, estropeándolo. Y que eso estaba ocurriendo porque la hija no estaba dando atención a su bicicleta, no la limpiaba ni salía con ella. ¡Finalmente, que Vera la había abandonado!

Preocupada, pues le gustaba mucho  la bicicleta, Vera preguntó:
— ¿Y cómo hago para quitar el herrumbre, mamá?
— Es preciso limpiar bien la bicicleta, después lavarla y enjuagarla con cuidado. En seguida, pasar un producto que combate la herrumbre.
Verinha, resuelta, cogió un pequeño cuenco con agua, un pedazo de jabón y una esponja. Después, se puso a lavar su bicicleta. Al terminar, la bicicleta ya estaba con otra apariencia, mucho más bonita. Satisfecha, la niña pidió a la madre el líquido contra la herrumbre, que ella  trajo y orientó a la hija cómo aplicarlo.
Así, Vera mojó un paño limpio en el líquido y fue pasando en toda la bicicleta, en      especial donde la herrumbre había atacado más. ¡Al acabar, la bicicleta estaba linda y brillaba! Satisfecha, Verinha miró para la madre, que sonrió:
— Tu bicicleta está realmente pareciendo nueva, hija. ¡Tú hiciste un bello trabajo!
Vera se sentó en un banquito y quedó mirando la bicicleta. La madre, aprovechando el momento, explicó:
— Verinha, ¿Tú sabes que la herrumbre también ataca el alma?
La niña miró espantada para la madre, que prosiguió:
— ¡Sí, hija! ¡Cuando dejamos que sentimientos negativos dominen nuestro corazón y nuestra mente, es como herrumbre en el alma! La falta del perdón es uno de ellos, que ataca nuestro interior corroyendo nuestra buena disposición.
Verinha pensó un poco, entendiendo lo que la madre quiso decir, e indagó:
— ¿Y cuál es el producto que limpia esa herrumbre del alma, mamá?
— Es el AMOR, hija. Sólo el amor puede modificar nuestros sentimientos. A través de la comprensión, del perdón, de la generosidad, retira la herrumbre de nuestra alma, haciendo  que podamos brillar de nuevo.
La hija mostró que había entendido. Después, dijo a la madre que iba a la casa de su amiga Carla. Conmovida, la madre abrazó a su hija, concordando:
— Creo que debes aún ir a visitarla, Verinha.
La niña corrió hasta la casa de Carla, que vivía muy cerca. Ella vino a abrir la puerta y, al ver a Verinha, sonrió satisfecha. Verinha pidió:
— Carlinha, ¿tú me perdonas por lo que te hice? ¡No sabía lo que estaba haciendo para mí misma! ¿Quieres volver a ser mi amiga?
Sorprendida, Carla respondió:

— Claro que quiero ser tu amiga. De hecho, nunca dejé de ser. Fuiste tú la que se alejó de mí. ¿Pero que ocurrió para que tú cambias de idea, Verinha?
— ¡Ah! Es que descubrí que no era sólo mi bicicleta que estaba herrumbrada; ¡yo también tenía herrumbre en el alma! ¡Pero, después yo te cuento todo bien! Ahora, ¿vamos a jugar?
— ¡Claro Verinha! ¡Vamos a jugar sí! ¿A qué quieres jugar?

— ¡Puedes escoger Carla! No tengo problema.    

— 
¡Ah! ¡Tú cambiaste sí! ¿Y qué es esa tal “herrumbre en el alma”? ¡Nunca oí hablar!
— Es cuando el rencor toma cuenta de nuestro corazón y dejamos de amar a las otras personas.
Y así, conversando alegremente, ellas decidieron hacer un paseo en bicicleta por el barrio. Ambas estaban felices y la amistad hubo vuelto a brillar dentro de ellas. 

MEIMEI
(Recebida por Célia X. de Camargo, em 16/6/2014.)

Traducción: Isabel Porras Gonzáles
Fuente: O Consolador – Revista Semanal de Divulgación Espirita, Año 8 – 376, 17.08.2014


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