segunda-feira, 6 de abril de 2015

Para prevenir el suicidio en la juventud



Los pensamientos sobre el suicidio no deben ser considerados sin importancia o vistos con indiferencia. Es falso el concepto de que “quien habla sobre el suicidio no intenta ni intentará suicidarse”
 

La juventud es la gran fase de descubrimientos… De experimentación de nuevos sentimientos y sensaciones. Es justo, en este periodo de transición entre los estados infantil y adulto, que el torbellino de los más diferentes pensamientos se vuelvan presente en la mente del joven, levantando conceptos, tabúes y asuntos que eran tenidos como ciertos e indiscutibles. El suelo, otrora sostenido por los padres, poco a poco, pasa a desvanecerse bajo sus pies, exigiendo que él, ahora, construya su propio camino.  ...>>



En este exacto momento de decisión y reflexión, el joven “inmaduro” o el adolescente que jamás poseyó un suelo firme y estructurado por donde pudiese caminar se desorienta por completo y busca, en actitudes radicales, solucionar su inquietud y malestar con el mundo.

Delante de este cuadro, puede surgir entonces el comportamiento suicida, que, por su parte, puede ser dividido en gestos e intentos suicidas. Los gestos están relacionados a un comportamiento de lesión auto-infligida, no teniendo, necesariamente, la intención de morir; los cuales pueden ser considerados “comportamientos para llamar la atención”. Ya en el intento, está la intención del suicida en ser seriamente herido o morir.

Vale resaltar que estudios sobre el asunto han demostrado que hay elementos y situaciones que pueden contribuir para tales gestos y comportamientos.

FACTORES DE RIESGO

La depresión es, ciertamente, el diagnóstico psiquiátrico más observado en adolescentes que intentan el suicidio. Desesperanza, trastornos de conducta, consumo de drogas, disfunción familiar, eventos estresantes, abusos (físicos, sexuales o psicológicos) y factores biológicos pueden ser considerados los principales agentes causantes de este disturbio.

En el entendimiento de los técnicos del Ministerio de Salud, el suicidio ya es considerado un problema de salud pública y tiene como principal causa la depresión. Esta dolencia, según la Organización Mundial de la Salud, alcanza por lo menos a un 8% de la población mundial, lo que constituye, en términos de nuestro país, aproximadamente 15 millones de brasileños en estado depresivo.

Casi siempre el joven que piensa en el suicidio da señales de esta idea, a través de un comportamiento diferente en su modo de vivir, pasando a buscar refugio en la soledad, aislándose de todo y de todos. Se notan principalmente la falta de amigos y el aislamiento, pues el joven, por su propia naturaleza, busca al grupo como forma de afirmación de su identidad.

Los pensamientos sobre suicidio no deben ser considerados sin importancia o vistos con indiferencia. Es falso el concepto de que “quién habla sobre suicidio no intenta ni intentará suicidarse”. Cuales quiera que sean sus problemas, pensamientos, como: “Yo prefería estar muerto”, “Yo no puedo hacer nada”, “Yo no aguanto más”, “Yo soy un perdedor y un peso para los otros”, y “Los otros van a ser más felices sin mí”, indican que el joven está corriendo serios riesgos.

Ese es el momento de ayudarlo, procurando estar más cerca de él, demostrando que la presencia de padres y amigos le hacen bien. Hacerlo sentirse amado es fundamental para levantar su auto-estima.

Es importante saber que el joven con baja auto-estima siente miedo, ansiedad y otros estados negativos en los ámbitos físicos y psicológicos. Pasa, en razón de eso, a no cuidarse: presenta una apariencia descuidada, mira hacia abajo, la cabeza curvada. Se siente menor que los otros, aislándose de los amigos y del grupo a que está vinculado. Sin objetivos en la vida, él acaba entrando en un proceso depresivo de funestas consecuencias.

EL PAPEL DE LA FAMILIA

La mayoría de los intentos y de los hechos de suicidios entre jóvenes ocurren principalmente en hogares perturbados, con familias desestructuradas; u oriundos de grupos familiares que presentan dolencias somáticas y/o mentales; o aun, por jóvenes que tienen problemas con la policía o con la justicia. Cuántas veces fueron niños no deseados, en familias de comportamiento frío, sin cariño, tristes, inseguros, rebeldes; familias con tendencias a la promiscuidad sexual y al uso del alcohol, tabaco y drogas.

Los actos de los jóvenes buscando la auto-eliminación son una forma desesperada de conseguir cariño, de llamar la atención. Luego, el papel de la familia es el de funcionar como eficaz antídoto al suicidio.

DATOS ESTADÍSTICOS

Los índices del recién lanzado “Mapa de la Violencia IV” (WAISELFISZ, 2004), de la UNESCO, abarcando el periodo entre 1993 y 2002, demuestran que los suicidios en Brasil pasaron de 5.553, en 1993, para 7.715 en el 2002, representando un aumento del 38,9%. En el mismo periodo, el aumento es bien superior al registrado en muertes por accidentes de tráfico (19,5%), pero aun está por debajo de los homicidios (62,3%).

Entre los adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años, el aumento fue menor (30,8%), pasando de 1.252 para 1.637 suicidios, entre 1993 y el 2002. Las situaciones por estado son bien diferentes: en el Amapá, Maranhâo y Paraíba, por ejemplo, el número de suicidios de jóvenes se cuadriplicó. Ya en Estados como San Pablo, Paraná y Distrito Federal, se registró la caída de los índices.

En las capitales, el crecimiento de los suicidios en el periodo de 1993/ 2002 fue bien menor que en los Estados como un todo: 38,9% para los Estados y 17,9% para las capitales. En la población joven, esa diferencia es mayor aun: 30,8% de aumento en los Estados, y sólo un 4,9% en las capitales.

También verificamos que, en las capitales, los suicidios de la población en general crecieron mucho más que los de la faja joven. De entre ellas, se destacan Macapá y Cuiabá, por tener más que triplicado su número absoluto de suicidios en la población total, en el periodo considerado. Entre los jóvenes de las capitales, las tasas de suicidios (5 en 100 mil) son levemente mayores que las de la población total (4,4 en 100 mil), pero con tendencia a caer. Las mayores tasas, tanto para la población total como para la de jóvenes, pueden ser encontradas en las regiones metropolitanas de Porto Alegre y Fortaleza.

Considerando los datos según el tamaño de la población, presentados en el referido Mapa, se verifica que la tasa de Brasil, en el año de 1993, fue de 3,7 suicidios por cada 100 mil habitantes. Con oscilaciones, ella fue creciendo lentamente para, en el 2002, presentarse en 4,4 suicidios por 100 mil habitantes. Comparado con los restantes 66 países analizados, Brasil presenta bajas tasas de suicidios, ocupando el 57º lugar, cuando se trata de suicidios en la población total, y el 53º en los suicidios juveniles.

No obstante, el tema tan grave como delicado, debe continuar mereciendo la mayor atención de todos.

LA CUESTIÓN DE LA EDAD

La incidencia estaría en las muertes por suicidios prácticamente inexistentes hasta los 10 años. A partir de esta edad se inicia una fuerte escalada ascendente, para llegar a su máxima expresión a los 22 años, faja que registró 218 suicidios en el año 2002. A partir de ahí ocurre una leve caída, disminuyendo progresivamente el número absoluto a la medida que la edad avanza.

La tasa general de suicidios en el mismo periodo (1993 / 2002) creció un 38,9% y, como en el resto del mundo, subió mucho en las fajas más ancianas de la población – que acostumbran a sufrir de dolencias graves, dificultades financieras o, en la tercera edad, viudedad y rechazo de la familia. Sin embargo, lo que lleva a los estudiosos a preocuparse más con los jóvenes es que la incidencia de suicidios en esta faja relativa a la edad ocurre cada vez más pronto y, muchas veces, podría ser evitada.

ACCIÓN DE LOS ESPÍRITUS OBSESORES

La obsesión es también una de las causas de muchos jóvenes dar fin a la vida física. En el libro de nuestra autoría “Suicidio y Sus Consecuencias”. (MONTEIRO, 2000), presentamos el informe de Hilda, Espíritu de una joven suicida, en el cual relata sus padecimientos después de la muerte del cuerpo físico, dejando bien clara la causa de su gesto infeliz.

Según Hilda, más allá de su rebeldía en no aceptar la vida con sus naturales dificultades y frustraciones, la influencia de Espíritus obsesotes también fue un factor importante para llevarlo al auto exterminio. Además, sobre este asunto, Allan Kardec, en “El

Evangelio según el Espiritismo”, esclarece que casi siempre la obsesión expresa la venganza que un Espíritu ejerce y que, con frecuencia, se basan en las relaciones que el obsesado mantuvo con él en una encarnación anterior. Ese hecho puede ser constatado en el siguiente trecho de su informe, por la psicofonía del médium Francisco Cándido Xavier, registrado en el libro “Voces del Gran Más Allá”:


“Os habla una humilde compañera que aun sufre después de una afligida tragedia en el suicidio, alguien que conoce de cerca la responsabilidad en la caída a que se arrojó, infeliz. Obsesada fui yo, es verdad, una joven caprichosa, contrariada en mis impulsos afectivos, acaricié la idea de fuga, menoscabando todos los favores que la providencia Divina me concedió en el camino juvenil. Alenté la idea del suicidio con voluptuosidad y, con eso, a través de ella, fortalecí las uniones deplorables con los desamores de mi pasado, que hablaban más alto en el presente.

Me olvidé de los generosos padres, a quien debía ternura, de los familiares con los cuales me empeñé en bendecidas deudas de servicio; olvidé a mis amigos, cuya simpatía podría tomar por valioso escudo en justa defensa, y me desvié del campo de sagradas obligaciones, ignorando deliberadamente que ellas representaban los instrumentos de mí restauración espiritual… En razón de eso, padecí, después de la muerte, todas las humillaciones que pueden rebajar a la mujer indefensa”.

LA TERAPIA

El Espíritu Hilda, en el relato de su dolorosa experiencia, destaca que su rebeldía en no aceptar la vida, con las naturales dificultades de la juventud, generó frustraciones, y aconseja como los jóvenes deben proceder para defenderse de la idea nefasta del suicidio (XAVIER, 1990):

“Cumplamos nuestras obligaciones, visitemos al amigo enfermo, atendamos al niño desventurado, procuremos la buena ejecución de nuestras tareas, busquemos la convivencia del libro noble, intentemos la conversación robusta y edificante, refugiemosno en el santuario de la oración y dediquémosno a la felicidad del prójimo, instalándonos bajo la tutela del bien y obrando siempre contra el pensamiento insensato, porque a través de el, la obsesión se insinúa, la persecución se materializa y, cuando despertamos, delante de la propia responsabilidad, muchas veces nuestra conciencia llora demasiado tarde”.

PREDISPOSICIÓN AL SUICIDIO

La idea recurrente, que alguna vez que otra surge en la mente de muchos jóvenes, deriva de experiencias de vidas anteriores. Para mejor entender esa cuestión, nos valemos de los esclarecimientos presentados en el capítulo “Conversaciones Preciosas”, del libro “Acción y Reacción”, de André Luiz, por el médium Chico Xavier (Xavier, 1998), cuando el Ministro Sânzio, de la Colonia Espiritual Nuestro Hogar, responde a Hilario:

“Figurémosno a un hombre acobardado delante de la lucha, perpetrando el suicidio a los cuarenta años de edad en el cuerpo físico. Ese hombre penetra en el mundo espiritual sufriendo las consecuencias inmediatas del gesto infeliz, gastando tiempo más o menos largo, según las atenuantes y agravantes de su deserción, para recomponer las células del vehículo periespiritual y, después que es oportuno, cuando vuelve a merecer el premio de un cuerpo carnal en la Esfera Humana, de entre las pruebas que repetirá, naturalmente se incluye la extrema tentación al suicidio en la edad justa en que abandonó la posición de trabajo que le cabía, porque las imágenes destructivas, que archivó en su mente, se descubrirán, delante de él, a través del fenómeno al que podemos llamar “circunstancias reflejas”, dando baza a recónditos desequilibrios emocionales que lo situarán, lógicamente, en contacto con las fuerzas desequilibradas que se le ajustan al temporal modo de ser”.


En el último capítulo del libro “Memorias de un Suicida” (PEREIRA, 1998), cuando el Espíritu Camilo Cândido Botelho (seudónimo utilizado por el Espíritu Camilo Castelo Branco) relata su resolución de reencarnar experimentando la ceguera de los cuarenta a los sesenta años de edad, comenta también su recelo de fracasar en esa nueva experiencia rehabilitadora. Pero los instructores espirituales, dirigiéndose a él, le aclaran que, al reencarnar, Camilo llevará sólidos elementos de victoria adquiridos en una larga estancia educativa en la vida espiritual y que, por eso mismo, sería poco probable que su voluntad se corrompiese al punto de arrastrarlo a mayores y más graves responsabilidades.


Delante, por tanto, de los esclarecimientos de los Espíritus André Luiz y Camilo Castelo Branco, podemos concluir que, si por un lado la predisposición al suicidio puede surgir en el curso de la existencia física, por otro, la Misericordia Divina cuida siempre los recursos necesarios al Espíritu fallido, antes de su vuelta a la Tierra, para que él salga victorioso.

ASPECTOS PREVENTIVOS

La comprensión de los conflictos de la adolescencia debe ser obligación de padres, profesores, médicos, clínicos, pediatras, terapeutas y de cualquier adulto que trabaje con jóvenes. El adolescente debe ser estimulado a agruparse y discutir entre sí sus problemas. La sociedad debe dar condiciones para que nuestros jóvenes, incluso perturbados, incorporen objetivos saludables en sus perspectivas de vida, para que puedan volverse buenos padres y así evitar o disminuir el sufrimiento de nuevas generaciones.

A los padres, cabe la tarea de, desde pronto, dar orientación religiosa a sus hijos. Ella consiste básicamente en enseñarnos a orar a Dios, a valorar la vida como don de ese nuestro Padre de Amor y Bondad, a enfrentar los desafíos y demostrarles la necesidad de amar a todos sus hermanos en humanidad, el camino para transformasen en verdaderos hombres de bien.

Con esa orientación espiritual, en la adolescencia, ellos serán capaces de distanciarse de los vicios y de las drogas que naturalmente llevan a muchos jóvenes a morir antes de tiempo, constituyéndose tal comportamiento, en la principal protección para no acabar con la propia vida. Delante de eso, podemos concluir que la educación del Espíritu es el mejor preventivo contra el suicidio.


GERSON SIMÕES MONTEIRO
Rio de Janeiro, RJ (Brasil
Traducción: Isabel Porras Gonzáles
Fuente: O CONSOLADOR - Revista Semanal de Divulgación Espirita  Año 2 – Nº 72 – 7 de Septiembre del 2008




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