terça-feira, 15 de julho de 2014

Diferencial de la enseñanza espírita para niños

   Rita Foelker

Para alcanzar su objetivo de transformación de las almas, la Educación Espírita carece de metodología apropiada.

Uno de los grandes errores, comunes en las actividades de Evangelización y Educación Espírita promovidas por los centros, es no observar la metodología espírita al abordarse contenidos espíritas.


El Espiritismo es una doctrina de llamada a la razón, una visión de mundo y de vida basada en una filosofía racional, cuyas consecuencias pueden ser experimentadas y comprobadas. Esta experimentación incluye observaciones que pueden ser hechas en eventos externos, pero también sentidas y rememoradas íntimamente, cuando lo que la Doctrina enseña confirma aquello que ya vimos o vivimos.


La enseñanza y aprendizaje del Espiritismo para niños es diferente de la enseñanza y aprendizaje religioso. No se trata de aprender normas, preceptos e interpretaciones de textos, sino de incorporar una visión de uno mismo y del significado de la vida, que les permita el discernimiento necesario a las diversas situaciones con que se deparan.

La enseñanza religiosa acostumbra a ser impositiva, es decir, pide aceptación de verdades compartidas por el grupo, sin posibilidad de reflexión o contestación. Se aprende, por ejemplo, que es necesario cumplir determinado rito para pertenecer al rol de los hijos de Dios, y tal hecho no ofrece opción a no ser de concordancia si se pretende pertenecer a los cuadros de sus adeptos.

Al contrario, no se espera que el niño espírita aprenda a creer en Dios o en la inmortalidad porque el Espiritismo lo enseña así, sino porque reflexionó, confrontó con la lógica y los hechos, sintió en su corazón y reconoció en su propia experiencia la imposibilidad de que no sea así, asimilando este concepto a su visión de la vida.

Por ello, la enseñanza espírita va mucho más lejos de aquello que el educador pueda compartir verbalmente con su conocimiento, sino que pide creación de estrategias y oportunidades donde cada educado levante sus propias hipótesis, cuestione  y saque sus propias conclusiones.

Por eso, la enseñanza espírita pide hechos del mundo, de la ciencia y de la sociedad que demuestren la universalidad de las leyes que la Doctrina Espírita va revelando. No se puede proporcionar de hecho la comprensión y la posibilidad de vivencia del Espiritismo, cuando él aparece distante o separado de la realidad que él mismo llega a comprender, y con la cual también ayuda a lidiar.

La enseñanza espírita busca el esclarecimiento espiritual, y no la diseminación de esta o aquella visión religiosa o práctica de devoción. Este esclarecimiento se da a partir de la observación y experimentación individual y colectiva, de la reflexión e interiorización de principios cuya veracidad si es capaz de comprender por si mismo, siempre en la medida del desarrollo intelectual y moral.