domingo, 9 de março de 2014

La Educación comienza en el vientre

La joven, un tanto animada, se adentró en la sala de la benevolente directora, y con voz emocionada, suplicó:
- Mi hijo tiene 1 año, ¿cuándo debo comenzar a educarlo?
La educadora, con ternura en la mirada y firmeza en la voz, respondió:
- Corra lo más deprisa posible a educarlo, porque usted ya perdió 21 preciosos meses.
- ¿Como 21 meses? El niños sólo tiene 1 año, o sea 12 meses, dijo la joven.
- Ah, hija mía, 12 meses más los nueve que lo llevó en su vientre. En realidad la educación comienza en el vientre, acariciándolo y diciendo: “¡Yo te amo, eres un ángel para mi vida!”
El pasaje en cuestión es atribuido a la notable María Montessori (1870-1952), primera mujer italiana en tornarse médico, y, sin duda, una de las mayores educadoras del siglo pasado.
Montessori muestra que la vida no comienza cuando el niño sale del vientre de la madre. El Espiritismo completa la visión de la educadora y enseña que aquel ser pequeño y por ahora indefenso que habita el vientre materno, es un espíritu en evolución, trayendo una cultura milenaria y un ansia por proseguir en su trayectoria de aprendizaje.
Cuando la criatura es querida, deseada, esperada por los padres, cuando la madre y los familiares acarician el vientre en un gesto de afecto, mostrando que aquel ser será bienvenido, estimulado y amado, la educación ya comenzó a ser administrada. ¡Imposible educar sin amor, imposible transmitir valores sin las herramientas del afecto!
Interesante resaltar que María Montessori y Kardec – el codificador del Espiritismo -  eran dos educadores, dos figuras sintonizadas con la importancia de la educación en la construcción de una sociedad equilibrada. Ambos educaban con amor y por amor. Por eso, resaltaban la necesidad de una educación con bases firmes, iniciada en la familia y, después, extendida a la sociedad.
Otro punto importante de Montessori y Kardec: Montessori decía que “es fundamental educar al recién nacido transmitiéndole hábitos saludables, enseñando a la pequeña criatura que hay una hora de evacuar, dormir, alimentarse”. Kardec enseñaba que “el verdadero espírita es aquel que procura corregir sus malas inclinaciones”, o sea, el verdadero espírita es aquel que procura tener hábitos saludables.
Educación y amor son dos usinas para la creación de hábitos saludables. Y una sociedad equilibrada, sin diferencias sociales, sin hambre y violencia, sin corrupción y descredito, y compuesta de ciudadanos educados y con hábitos saludables.
Hoy en gran parte de las familias la situación se invirtió: padres desconectados con la importancia de la educación que transferirán para la escuela, confundiendo educación con instrucción. Niños que crecen sin las bases amorosas de la familia, o sea, sin hábitos saludables, tienen más facilidades de complicarse en las pruebas existenciales. Recuerdo a una rica familia que relegó toda a educación de sus hijos a la escuela. La concepción de los padres giraba en torno del restringido universo materialista al considerar: “¡Pago bien, mi hijo debe ser bien educado!” Con todo, no obstante el esfuerzo y capacitación de los profesores del renombrado colegio, el hijo creció sin las bases amorosas de la familia. El padre no le hacía una caricia, por cuanto estaba siempre a vueltas con los negocios. La madre tampoco tenía tiempo para el hijo, porque era esclava de las reuniones sociales.
El resultado fue desastroso: un joven carente que acabó suicidándose a los 20 años al ver el término de su primer amor. Le faltaron a ese joven referencias familiares que lo despertasen a los valores de la espiritualidad. Dialogar con los hijos sobre la vida y la muerte, mostrar que estamos aquí apenas de paso, enseñando la transitoriedad de nuestra existencia terrena, también hace parte de la educación que debe ser administrada a los niños. Conversar sobre esas cuestiones, filosofar en torno de los objetivos de la jornada terrena, es una de las formas de crear hábitos saludables, con todo, como afirma Montessori: “fundamental es amar; por cuanto la educación que crea hábitos saludables e individuos mejores se hace con amor, mucho amor, desde el vientre materno.
Pensemos en eso.
Wellington Balbo


Traducción: Valle Garcia Bermejo