quinta-feira, 17 de outubro de 2013

Elemento Fundamental da Educación Espírita Infantojuvenil

Claudia Werdine

El niño es un ser espiritual, creado por Dios, ora viviendo en le plano espiritual, ora respirando en un cuerpo material. El niño es antes que nada un Espíritu reencarnado, un alma que recomienza una nueva existencia física.
Como ser espiritual, trae toda un bagaje acumulado a lo largo de su trayectoria evolutiva. Su destino es toda la perfección a la que es susceptible y, para eso, cuenta con todo el tiempo necesario, pues su esfuerzo de perfeccionamiento no se circunscribe, a penas, a una existencia terrena. En el cuerpo o fuera de él, da continuidad a su perfeccionamiento y a su caminata en la conquista de la felicidad.
Precisamos entender bien la función propia del periodo infantil para valorar la real importancia de la Educación Espírita Infanto-Juvenil. 


Al final, ¿porqué espíritus viejos, viviendo tantas veces viciados por los errores milenarios, ya dueños de tantas experiencias, precisan “entrar de nuevo en el vientre de la madre y hacerse niños de nuevo?
La función educativa de la reencarnación – como nueva oportunidad de rehacer el destino, de aprendizajes diversos y de rescate de faltas pasadas- perdería el sentido si el espíritu no ingresase de nuevo en un cuerpo infantil.


A través de ese proceso de olvido y renovación de la vida, él puede construir una nueva personalidad
Pero, la principal finalidad del Espíritu al nacer niño es la de ser educado nuevamente. Las impresiones positivas que recibe durante la infancia pueden ser determinantes en su existencia actual y hasta en próximas vidas. Precisamente, a causa del estado de semi-consciencia del Espíritu encarnado en un cuerpo infantil, sus barreras de defensa psíquica están neutralizadas: el está más tierno, más receptivo, más maleable, más abierto a todas las influencias.

mejor y más integral; puede rescatar sus deudas sin verse continuamente oprimido por el sentimiento de culpa y vergüenza por un pasado tenebroso; puede convivir con enemigos, transformados en parientes y amigos, sin darse cuenta de ello, modificando sentimientos y rehaciendo relaciones; puede absorber elementos de nuevas culturas, aumentando su bagaje universal.
De ahí la importancia de la Educación Espírita, pues educar a la Luz de la Doctrina Espírita es preparar al ser humano para enfrentar todos los momentos y adversidades de la vida en los postulados del Evangelio. Es el único medio de cultivar en el Espíritu de la criatura, desde el amanecer de la vida, el entendimiento de la práctica de las buenas obras, la adquisición de la moral y del saber, para que ella alcance el crepúsculo físico consciente de sus conquistas espirituales, conociéndose a sí misma y situándose en el Universo como colaboradora de la Divinidad Suprema.
Bajo la óptica de la Doctrina Espírita, debemos entender que, en la juventud, el individuo ya dejó de ser niño, pero aún no es adulto. Él, Está en otra fase de su desarrollo. Etapa difícil marcada por los cambios de orden biológico, psicológico, social, él necesita más que nunca de orientación y amparo, para que pueda estar bien consigo mismo, con el prójimo y con Dios, conforme nos instruye Kardec en la cuestión 617 del Libro de los Espíritus.

Teniendo en cuenta las respuestas obtenidas por Kardec, podemos concluir que la adolescencia es, como las demás fases del desarrollo humano, de gran importancia para el Espíritu que se está preparando para, al asumir su verdadera identidad, efectuar una verificación de sus valores individuales y definirse como ser eterno.
En el joven, aun es posible corregir, compensar faltas y deficiencias de la infancia, pero de adulto la tarea de remodelación es normalmente mucho más difícil.
El hombre será lo que de su infancia se haga.
Del niño incomprendido resulta el joven rebelde y este asume la posición de hombre traumatizado, violento.

Del niño desdeñado resurge el adolescente inseguro que modela la personalidad del adulto infeliz.
El niño es la siembra que aguarda, el joven es campo fecundado, el adulto siembra en producción.
De ese modo, conforme a la calidad de la simiente, tendremos la cosecha.
Sepamos cuidar de nuestros jóvenes, moldeándoles el carácter y la personalidad, sobres las directrices de las enseñanzas de Jesús a la Luz de la Doctrina Espírita, y, estaremos, contribuyendo para la formación de adultos más equilibrados y conscientes de sus responsabilidades delante de la construcción del Mundo del Tercer Milenio. 

“La criatura es la sonrisa del futuro en el rostro del presente. Evangelizarla es, pues, espiritualizar el porvenir, legándole la lección clara y pura de la enseñanza cristiana, a fin de que, verdaderamente, viva el Cristo en las generaciones de mañana.” (Francisco Spinelli)


Bibliografia:

Material IV Encontro de Evangelizadores – FEB

Pelos Caminhos da Evangelização − Cecília Rocha – FEB

Currículo para as Escolas de Evangelização Espírita Infanto-Juvenil – FEB

O Livro dos Espíritos −Allan Kardec

A Educação segundo o Espiritismo – Dora Incontri

Entrevista com Divaldo Franco
A Importância da Evangelização – IDE

Educação do Espírito – Introdução à Pedagogia Espírita – Walter Oliveira Alves