domingo, 2 de junho de 2013

LA LECCIÓN DE LOS LIMONES

Doña María Pena, que era viuda de Raimundo, hermano de Chico Xavier, juzgaba que este era un mano abierta…

No creía en dar sin recibir. Y, cierta mañana, en que sentía sobre manera la misión del médium, al que mucho estimaba, le dijo:

- Chico, no creo mucho en sus teorías de servir, de ayudar, de dar y dar siempre, sin una recompensa. No veo que usted reciba nada a cambio de los que hace, de lo que da, de lo que realiza...



- Pero, todo cuanto hacemos con sinceridad y amor en el corazón, Dios lo bendice. Y, siempre que distribuimos, sin exhibirnos, hacemos una buena acción y, más pronto o más tarde, recibiremos la respuesta del Padre. Puede creer que quién hace el bien, además de vivir en el bien, recoge el bien.

- Entonces, vamos a hacer una prueba. Tengo aquí dos limones. Si alguien viene se los voy a dar y quiero ver si después recibo otros dos.

Aún no había terminado de hablar cuando la vecina que vivía en la casa de la izquierda, la llamaba por el muro: 

- Dona María, ¿puede darme o prestarme dos limones?

- Ahora mismo, amiga mía, aquí los tiene. Haga con ellos un buen zumo – dijo Doña María sonriente.



 En un instante, sin que pudiese rehacerse de la sorpresa que tuviera, la vecina del lado derecho, también por el muro, le ofreció cuatro limones a Doña María.


Media hora después, la vecina del fondo pidió a Doña María unos limones y esta le dio los cuatro que ganara.

La vecina de enfrente, casi en seguida, sin que supiese lo que pasaba, ofreció a la cuñada de nuestro querido médium, ocho limones.

Por fin, comprendiendo la lección y actuando seriamente, Doña María es visitada por una amiga de pocos recursos económicos que durante su visita se desahogó de su pobreza.
Doña María, con el fin de ayudar a la amiga, le entregó los ocho limones además de otros alimentos.

Y Doña María dijo a Chico:
Ahora quiero ver si gano dieciséis limones! Es lo que falta para completar este juego…


El día pasó tranquilamente... Más tarde, a las veinte horas, todos en la sala, juntamente con Chico, conversaban y ya no se acordaban del caso de los limones, cuando alguien llamó a la puerta. Doña María abrió. Era un anciano, que vivía en el campo.





Traía en su burrito unos pequeños regalos para Doña María, en gratitud por los donativos que siempre le hacía cuando venía a la ciudad. Colocó en la puerta un pequeño saco. 

Doña María lo abrió nerviosa y,  curiosamente, estaba repleto de limones… Los contó: sesenta y cuatro. Ocho veces más de los que había dado últimamente… Eran muchos. La gracia en forma de lección, excedía las expectativas, era más de lo que esperaba. Y, de ahí en adelante, Doña María comprendió que aquél que da recibe siempre más.  


 Fuente: evangelizacaoespirita.blogspot.com.br (Bibliografia: Lindos Casos de Chico Xavier)
Traducción y adaptación: Valle García


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